Adiós 2017, hola 2018 y, por cierto, ¡feliz Navidad!


Cuando alguien menciona la Navidad prefiero pensar en las de cuando era niña o adolescente. Esos días largos de compras, la decoración de la casa de mis padres, el exagerado montaje de la cena de Nochebuena (que empezaba a primeras horas de la mañana para que todo fuera perfecto)... Ahora no me falta el espíritu navideño, no creáis, me paso el día escuchando villancicos, empaquetando regalos y deseando a desconocidos unas felices fiestas y un buen año venidero, pero en casa prefiero dejarlas pasar e ir arrancando hojas del calendario. Sí, soy bastante grinch, algo obligada, cierto, pero lo soy. Quiero pensar que en el fondo sigo siendo yo, pero que las circunstancias me han convertido.
Ese es uno de los principales motivos por los que en las fiestas desaparezco, aunque a todo eso hay que unirle un horario caótico que incluye festivos y domingos y un cansancio extremo mezclado con una falta de ganas de cualquier cosa. (No sintáis pena, solo son cosillas de la vida). Pero esta vez tengo motivos para hacer balance del 2017 y por eso estoy aquí, aunque esté deseando que el año acabe ya de una vez por todas.

Si 2016 fue un año en blanco, 2017 ha sido, sin lugar a dudas, el mejor de mi (llamémosla) carrera literaria. No solo he tenido dos publicaciones con editorial —entrar en la familia de HarperCollins fue una gran alegría—, una de ellas ha terminado en las librerías porque ha sido editada en papel. Y eso, aunque no me suponga un cambio sustancial (sigo siendo una desconocida que escribe), ha supuesto un empujón moral importante que me vendrá bien recordar cuando lleguen las dudas y los días malos. Además, he vuelto a autopublicar (mi vena paranormal, mis queridos vampiros, tienen un nuevo título en el mercado, y todo augura que en 2018 saldrá al menos uno más), así que, aunque siga siendo invisible, no puedo quejarme, siento que voy recorriendo un camino que ahora veo delimitado.

Por lo demás, las redes me siguen dando un poco de alergia, los dimes y diretes los sigo prefiriendo lejos, pero me gusta escucharos y saber qué se cuece. Así que aunque me deje notar poco, ando por ahí.

Y mis propósitos para el año que empieza van a centrarse en una sola cosa, algo que me dijo una persona a quien no conozco demasiado, pero que es tan buena que se nota desde muy lejos:

—Sé feliz. Escribe.

Y eso haré.

Pasad unas buenas fiestas y recibid el 2018 con la expectación que se merece. Lo mejor está siempre por llegar.
Un abrazo a todos.

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