¿Somos los escritores suficientemente exigentes?

Hoy, revisando un escrito de hace meses, esta idea me asalta la cabeza. ¿Soy o no soy lo suficientemente exigente con aquello que muestro de mi trabajo?

Ver las cosas con otro cristal no siempre resulta sencillo, sobre todo si son propias. Cuando escribes, pasas meses a vueltas con una historia, piensas en todo aquello que rodea la trama, le das vida a unos personajes, decides cuál será su protagonismo, montas un contexto verosímil y aprendes a quererles, incluso con sus defectos. Por eso resulta tan complicado juzgar si es bueno o te falta un plus, porque, sin quererlo, formas parte de todo el tinglado como un secundario más.

¿Cuánto es necesario apartarse de la historia?
Habrá quien necesite un solo día, o un mes, o quien no lo consiga nunca. Son argumentos que te emocionan o te llegan de algún modo, personajes que calan más o menos en tu interior, situaciones que te empujan a actuar de determinada forma, tiempo que pasas a su lado... Estás tan inmerso que es difícil explicarlo desde dentro.

Todos leemos y, seguro que igual que yo, tú también te has encontrado con historias que parecen en cierto modo vomitadas, que pasan de forma superficial sin raspar la superficie. ¿Las prisas por compartirlo? ¿Falta de mimo del autor? ¿Necesitamos de una crítica más seria y veraz?
Sinceramente creo que lo primero tiene un gran peso en esta situación. Nos movemos en un mundo que siempre lleva puesta una inyección de adrenalina y que nos contagia y nos lleva de una cosa a otra. Publicar, publicar, publicar... Parece que a eso se reduce todo. Cada vez son más los libros, tantos que cuesta pensar qué leerás este verano.
El resto de preguntas también tienen respuesta afirmativa, claro. Todo es un pack. Pero lo primero siempre debe partir de quien escribe. Es muy necesaria la autoexigencia y, por supuesto, la autocrítica. 

Autocrítica. 
Esa es la palabra que hoy llevo en mente y de la que no consigo desprenderme, porque no dejo de pensar si yo me esfuerzo lo suficiente, si me exijo lo necesario para dar un doscientos por cien.

Me cuesta alejarme de las historias que cuento. Y si las releo, dependiendo de mi ánimo, las odio o me emocionan, y eso me pasa porque no puedo verlas con otros ojos que no sean los míos.

Y tú ¿cómo lo llevas? ¿Te cuesta también separarte de aquello que escribes?

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