De paseo por los tejados.

Otro artículo en el que os cuento más curiosidades de los libros de la saga. Hay pequeños spoilers, lo sé, pero nada que afecte al desarrollo de la trama o estropee alguna sorpresa.
¿Os apetece dar conmigo un paseo por los tejados?

Tengo unos personajes de lo más gatunos. No hay protagonista de la saga que no haya saltado de balcón a balcón, trepado por una pared, o deambulado por los tejados de un edificio en un determinado momento, pero bueno, ¿a quién no le gustaría vagabundear sin rumbo y ver la ciudad y a sus habitantes desde lo más alto?


Sara en la ventana
Empecemos por Markus, protagonista de "El suave secreto de tu piel". 
Él, a pesar de ser el más prudente y serio, no tiene ningún reparo a entrar, como un vulgar ladrón, por la ventana de casa de Sara  para espiarla. Y, no solo eso, además, tiene el descaro de repetir.
En esa parte del libro ellos viven en la ciudad de Santiago de Compostela, y voy a pediros que, por un momento, imaginéis las estrechas calles empedradas y las fachadas de granito gris que Sara ve desde su ventana.
Y también la lluvia, siempre presente.  



En "Mil mariposas" habría sido un sacrilegio no usar los tejados de París, y es que los característicos edificios de esta ciudad, al igual que el protagonista de este libro, tienen un encanto especial que les hace irresistibles. 

Olivier, el más gamberro y canalla, se convierte también en el más gato de todos y, no solo porque se encarama al edificio de enfrente para espiar el interior de la buhardilla en la que vive Daniela, sino porque, en otra escena, se la lleva de paseo nocturno sobre las chapas de zinc, con la intención de enseñarle el skyline de la ciudad. Y a pesar de su forma de ser, de parecer superficial hasta la médula, de plantearlo todo como una broma y de querer tener para él protagonismo de cada escena... que alguien se atreva a decir, que no es romántico que te lleven a ver la Torre Eiffel iluminada en la noche (aunque haga un frío que pela y te castañeteen los dientes).

Porque... No os dejéis engañar. Olivier es mucho teatro, mucha pose, pero no es lo que aparenta. Y en fragmentos como este iremos descubriendo su personalidad. Toda la frivolidad de la que hace gala se barre de un plumazo.


Tejados de París
"Olivier cambió de lugar y se sentó en un rincón del tejado, desde allí podía escuchar la conversación de las dos muchachas y, si se concentraba, también podía oír como la respiración de Dani se tornaba pesada, debido a la pastilla que había ingerido. Se sentía tentado a entrar en su cuarto y observarla dormir, pero pensar en ello le hizo recordar su sabor. En su estado no podría reprimirse y estaría tentado a probar un nuevo bocado.
Una fina lluvia comenzó a caer y él se detuvo unos instantes mirando el oscuro cielo. Allí sentado, podía tomarle el pulso a la ciudad. En los edificios de enfrente una madre regañaba su hijo, en el piso de al lado alguien bailaba al son de una vieja radio y bajo sus pies una pareja intercambiaba palabras tiernas mientras hacían el amor. Escenas cotidianas que para él nunca habían tenido importancia.
¡Maldita sea! Él había estado libre de sentimientos como esos durante siglos ¿Por qué ahora? A estas alturas era absurdo enamorarse de una humana, que además era «hija» de su gran amigo Jean Jacques.
¿Para qué complicarse?"

Tras las aventuras de París, nuestro paseo por los tejados nos lleva a la alta montaña de los Alpes franceses. Esta vez el libro es "Sol de invierno" y a pesar de que el tejado de la casa de Julius está muy solicitado (hay un momento en el que están todos allí de celebración), yo me quedo con la escena que protagonizan Jean Jacques y Judith.

Menudo regalo que le hace la brujita a nuestro vampiro.




Dante no hace ninguna escapada por los tejados en su libro. En "Bajo la piel del león" los paseos con Victoria son a ras de suelo, pero claro, viviendo en un ático y con esta ventana como cabezal de cama, da igual que seas el más "felino" de todos, ¿quién tiene la necesidad de vagar por las techumbres de los edificios si tienes el mundo a tus pies?

"Vicky gateó sobre la cama hasta llegar a la ventana redonda que hacía las veces de cabezal. Se sentó en el alfeizar y allí, pegada al cristal, observó como la lluvia golpeaba el vidrio con fuerza. Llevó sus dedos hasta una gota y siguió el recorrido al que la obligaba la ley de la gravedad". 




Y Jack...
Otra vez París. En "La última rosa del verano", el violinista emulará a su amigo y escalará de nuevo hasta lo más alto para estar cerca de su chica. Aunque él no tendrá ningún reparo en descubrirse y tocar a su ventana.


Es curioso. Hasta que me planteé contaros los paseos nocturnos de Olivier, no fui consciente de las veces que he utilizado los tejados...

Comentarios

  1. Es una entrada preciosa, Cris <3 me encanta la comparación con los gatos, y ese fragmento de Olivier me robó el corazón desde la primera vez que lo leí. Pienso que consciente o inconscientemente siempre reflejamos las cosas que amamos, a mí me suele pasar con las ventanas, o quizá es solo que adoramos las coincidencias y los signos :))) Me guardo todas estas. Un beso y gracias por evocar tantas cosas bellas *.*

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    1. Los gatos son los reyes de los tejados! XDD
      Empecé pensado en esa escena que dices y después vinieron a mi cabeza todas las demás.
      De verdad que escribir todas estas escenas ha sido del todo inconsciente. No es algo que me plantease antes de empezar.
      Gracias, Marisa!
      Un abrazo!!

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  2. Recuerdo perfectamente todas esas escenas (por algo será!) y aunque aún no he llegado al punto de ver a nuestro último protagonista tocando el cristal de la ventana, seguro que me volverá a maravillar, porque son escenas preciosas. Yo, por lo menos, estoy encantada de que hayas "abusado" de ellas.
    Besos !

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    1. Mil gracias, Maribel! Gracias por estar ahí desde el principio.
      Un abrazo grande!

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