El origen: así nació Markus.



Ya os he contado que Markus sale de un relato corto que más tarde desarrollé y que mucho después se transformó en libro, pero nunca lo he publicado. Y es más, casi nadie lo ha leído.
La historia final no tiene nada que ver, pero es que una vez te detienes y piensas cómo será el personaje, comienzas a imaginar cosas, a dotarle de sentimientos, a darle forma y de repente tienes una estructura para una historia.
Para que veáis por dónde van los derroteros de la mente de una escritora novel, para vosotros: el origen de todo.




EL ORIGEN DE LA SAGA - CUENTO CORTO.

El fuerte tañido de una campana sonaba a lo lejos. Era el latido de un corazón metálico, condenado a morir una vez repicase una docena de veces.
En el bosque, voces y ladridos quedaban amortiguados en la espesura. Pequeñas luces fantasmales ayudaban a una docena de hombres, seguidos de sus perros, a revisar todos y cada uno de los rincones de aquel lugar con la esperanza de encontrar a Sara, la hija del carpintero.
A media tarde dijo que iba al huerto a coger unas fresas y ya no volvió. Y esas pocas horas desde la última vez que su padre vio sus trenzas rubias brillar a la luz del sol, ya parecían días.
El carpintero, con el rostro contraído por el dolor y la angustia, iba a la cabeza del grupo asegurándose de que todos hacían su trabajo, y de que no quedaba ningún rincón donde no hubieran mirado.
Una fina lluvia hacía lento su avance, pero el empuje desesperado del padre y el entusiasmo de los sabuesos por recorrer olisqueando la montaña, movía a los hombres a seguir revisando cada matojo, cada rincón, cada escondrijo.


No lejos de allí, ella despertó con los huesos entumecidos para encontrarse maniatada a una silla. A pesar de la absoluta oscuridad supo que se encontraba bajo tierra porque olía a moho, barro y raíces, y se sentía envuelta en un pesado manto de silencio.
Prestó atención y escucho. Nada.
Al ir tomando conciencia de su situación, su corazón comenzó a latir más rápido, y unas gotas de sudor perlaron su frente: le resultaba imposible recordar como había llegado hasta aquel lugar. Aclaró su garganta y elevó su voz en un ruego que no fue contestado. Sollozando, volvió a suplicar elevando el tono de sus palabras y el sonido rebotó contra los muros rebelándole que la sala donde se encontraba no era grande. Esta vez, escuchó pasos y una pesada puerta se abrió y, aunque el haz de luz fue tenue, le hizo entrecerrar los ojos por lo que solo pudo ver, vagamente, una oscura figura que atravesaba el dintel.
La puerta se cerró y de nuevo se encontró sumida en la oscuridad. Sintió pánico. Intentó escuchar, pero nada oía a excepción de su propia respiración acelerada y de los latidos de su corazón. Extendió de nuevo su súplica pero no obtuvo respuesta y lágrimas desesperadas resbalaron por sus sonrosadas mejillas.
Unos dedos frescos y suaves recogieron una de las pequeñas gotas y una voz profunda y tranquilizadora la hizo sumirse en un hechizo. Ya no había miedo, ni dolor. Aquella hermosa voz le hablaba tiernamente y sosegaba su espíritu. Aquel ser habló durante largo rato contándole  historias de lugares remotos donde vivían gentes que ella nunca vería pero que, con el relato, pudo imaginar con claridad.
Tal era el embrujo, que no tuvo miedo cuando aquel hombre misterioso calló y se acercó a su rostro para aspirar el aroma de su piel. Sintió unos fríos labios en su cuello que la besaron con ternura, pero se encontraba sedada y tranquila y no pudo reaccionar: solo se dejó llevar. Tras aquel gélido beso y sin que ella pudiera hacer nada por evitarlo, unos dientes afilados mordieron con ansiedad y aquel monstruo comenzó a alimentarse con su sangre.
No la mató, solo tomó lo necesario, lamió la herida para cauterizarla y se marchó.
Pasado un buen rato, el sopor comenzó a desaparecer. Su cabeza seguía embotada y se esforzó por recordar, pero había retazos de su memoria que se habían perdido y aparecían como lagunas en su cerebro. Se sentía algo mareada, sin saber a ciencia cierta que había pasado, pero no había miedo ni dolor.
La puerta se abrió de nuevo y esta vez se quedó entornada, dejando que la luz del corredor iluminase vagamente la estancia. Entre las sombras, escuchó arrastrar una silla y el crujir de esta cuando un cuerpo se sentó en ella a su lado. Sin mediar palabra, le pusieron un vaso de agua en los labios.
Bebió y se sintió mejor. Le limpiaron la comisura de la boca con una servilleta y comenzaron a alimentarla.
La voz mágica volvió a hechizarla de nuevo y con su mente bailando entre nubes de algodón, la desataron y la llevaron en brazos hasta un camastro cercano, donde una suave brisa nubló sus sentidos y la llevó a sumirse en un pesado sueño.

En el bosque, la fina lluvia dio paso a un aguacero y la búsqueda tuvo que suspenderse pues era imposible avanzar entre la maleza. Tan solo el carpintero, acompañado de uno de sus sabuesos continuó angustiado recorriendo la montaña, desesperado por encontrar un rastro que le llevase hasta su niña.

A pesar de que la obligaban a tomar alimento, cada vez se encontraba más débil, aunque aquel cansancio continuo no tenía importancia para ella, pues lo único que necesitaba para seguir viviendo era su proximidad, el olor de su piel, su voz… aquella voz que anegaba sus sentidos, que la llevaba a soñar despierta. Pasaron los días y ella ansiaba con desesperado anhelo las visitas de su verdugo. No sentía miedo, solo una paz intensa.

En el pueblo, ya empezaba a notarse el desánimo entre los integrantes del grupo de búsqueda. Tres días y nada. Algunos abandonaron y comenzaba a extenderse el rumor de que la niña podía estar muerta en algún pozo o que quizá la había devorado alguna alimaña.

Transcurridos cinco días de su encierro, el vampiro la desató, dejó la puerta abierta y se marchó.  El escondite donde la tenía recluida, estaba muy cerca de la casa donde la encontró, así que cuando ella saliera reconocería el terreno y volvería sana y salva a su hogar.
Esa era su vida. Debía matar para vivir.

Ella gimió entre sollozos añorando su vuelta pero estaba sola. Era libre, y sin embargo, no se movió de la silla esperando la siguiente visita. Se sentía vacía, tremendamente triste, anhelaba sus palabras, su voz. Y allí sentada siguió esperándole con la incertidumbre de no saber si iba a morir de hambre y sed o por la inmensa pena que contraía su joven corazón.
Al día siguiente, se decidió a salir del refugio. Los rayos de sol quemaron sus ojos y tardó unos minutos en habituarse a la luz. Descalza y con el camisón sucio y desgarrado, caminó sin rumbo entre los árboles hasta caer de rodillas en un claro. Todo giró rápidamente a su alrededor  y acabó perdiendo el sentido, dejando que el peso de su cuerpo tomase el mando hasta dar con sus huesos en el suelo.

Allí la encontraron, tiritando, divagando sobre el amor y la sangre, con la mente trastornada y confundida. Y a pesar de que vieron sanar sus heridas, todos creyeron que su cerebro había quedado trastocado, pues nunca volvió a ser la misma. Cuando contó lo ocurrido a su familia,  la tomaron por loca y a punto estuvieron de encerrarla lejos de allí. Pero a pesar ello, Sara siguió creyendo en la existencia de su vampiro.
Él era real. Estaba segura.
Los años que siguieron al suceso rompieron su mente. Continuó regresando al bosque: buscándole, llamándole, rogando al cielo que le diera una prueba de su cordura. Nunca se dio por vencida, pero fue en vano: aquel ser no volvió. Después de todo quizá había vivido una dulce pesadilla, quizá nada fue real y solo ocurrió en su mente. Quizá después de todo estaba loca de verdad.

Ya era de noche y volvía a su casa tras el trabajo cuando se encontró con un desconocido en el jardín. Él se apartó para dejarla pasar y al hacerlo su rostro quedó bajo la luz directa de una farola. Ella le miró y al no reconocerle pasó a su lado dando un tímido buenas noches, mientras agachaba la cabeza para mirar al suelo. Cuando el desconocido le devolvió el saludo, la voz que escuchó hizo que frenase en seco y se volviese a mirarlo. Él había salido de la luz, volvía a estar entre las sombras y solo era una figura oscura.
El silencio fue el protagonista durante unos instantes.
―No sabía que te había hecho tanto daño. ―Ella abrió la boca para contestar pero un gesto del vampiro la detuvo―. Quiero que sepas que todo lo que sucedió fue real y que a pesar de lo que los demás puedan insinuar, tus recuerdos son verdaderos. No estás loca. Pero tendrás que omitir ante los demás algunas partes de tu cautiverio, pues la realidad es a veces demasiado cruda para la mente de algunas personas. De verdad que lamento mucho lo que te ha pasado. Adiós, pequeña.
―¡Espera! ―imploró ella, aunque él ya se había desvanecido en el aire―. ¿Cuál es tu nombre?
Durante unos segundos reinó el más profundo silencio y cuando ya no esperaba respuesta y giró sobre sus pies para entrar en el portal, la dulce voz de aquel ser inmortal susurró junto a su oído.
―Markus, mi nombre es Markus.
Con el corazón en la garganta notó como una mano enguantada cogía la suya y depositaba un pequeño y frío objeto en su palma. Inmediatamente un brusco remolino en el aire y un silencio sobrecogedor le indicó que estaba sola. Temblorosa abrió la mano para observar el obsequio: en la palma tenía un grueso anillo dorado con un sello que representaba un antiguo escudo de armas.
No podía dejar de admirarlo. Era la prueba de su cordura, de que no había imaginado nada de lo ocurrido, de que podía mirar a la cara a cara a los demás y dejar de lado el daño que le habían causado las habladurías sobre lucidez mental. Ahora ella estaba segura de la verdad.
―Gracias, Markus ―dijo en voz alta―. Donde quiera que estés, gracias.
Cerró el puño, protegiendo el pequeño aro de metal y se metió en su casa con los ojos anegados por las lágrimas. En la seguridad de su piso, se acercó a la ventana, besó el anillo y prometió mirando el cielo estrellado.

―Volveremos a vernos, Markus. En esta vida o en la otra… pero volveremos a encontrarnos.
Esto fue escrito en el 2009 y como veis no tiene nada que ver con lo que en realidad pasó después. Se mantienen los nombres y el misterio y carisma que envuelve la figura de Markus, pero poco más. Quien sabe si algún día desarrollaré esta historia de verdad y la trasformaré en otro libro.

Espero que os haya gustado.



El origen de la saga. Cuento corto. - (c) - M.C. Sark

Comentarios

  1. Preciso. Consigue dejarte el corazón latiendo lentamente, para luego volver a su ritmo normal cuando llega el final. Es curioso, Markus le susurra para tranquilizarla y, yo, he oído esos susurros... Gracias por compartirlo!

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    1. Gracias a ti por dejar comentario, Mercedes.
      Me hace mucha ilusión.
      Un abrazo.

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  2. Me ha encantado, Cris. Divagando sobre el amor y la sangre... <3 <3 <3 <3 <3 No tiene nada que ver con cómo se desarrolló la historia, pero ya contiene todo el espíritu de la saga, consigue que te entren muchas ganas de que a ti también te secuestren. Hablando de secuestros... XD Tenemos que hablar de esto algún día!! Y sería fantástico que la historia continuase. Cruzaré los dedos por ello ;)

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    1. Pues la verdad es que sí. Nada que ver.
      Gracias por el piropo: todo el espíritu de la saga.¡Casi nada!.
      Un abrazo muy grande, Marisa. Si la saga está ahí al alcance de la gente en parte es gracias a ti.

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  3. Siempre me dejas atrapada con los relatos cortos. Esta vez no ha sido una excepción. Y parece mentira que ya vaya a salir el cuarto volumen de la saga.
    Enhorabuena!. Un beso!

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    1. Me has hecho sonreír. Gracias por dejarte "raptar" por mis escritos. Y sí, parece mentira que ya esté ahí Dante, pero también es gracias a ti.
      Un abrazo fuerte, de los que te alegran el corazón!!!

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  4. Qué pasada de relato....me ha encantado, aunque es mucho más "oscuro" que tus libros, con ese ambiente, el secuestro...No, no he reconocido a mi Markus en ese vampiro (creo que él jamás la habría tenido retenida y atada a una silla), pero no por ello ha dejado de ser un relato excepcional.
    Gracias por compartirlo !

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    1. Sí lo es. No tiene nada que ver, pero claro es que este relato se escribió en 2009 y la saga comenzó a gestarse como tal en 2012. Había pasado tiempo.
      Gracias a ti, Maribel por pasarte por el blog.
      Un abrazo.

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    1. Gracias, Nai.
      Yo también le tengo cariño.
      Un abrazo!

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