Nada es lo que imaginas...Capítulo 7

Séptima entrega
Cómo pasa el tiempo... ¡ya llevo una semana!

NADA ES LO QUE IMAGINAS.....


CAPÍTULO 7


Al mediodía llegó Charles, y tal y como le habían prometido fue liberada y pudo abandonar el cuarto.
El hombre se sorprendió mucho al enterarse de los detalles y no dijo nada, pero con la mirada reprendió la actitud de su amigo.

Preparó el desayuno y se sentó con ella a tomar un café.
_ Nadie va a hacerte daño. Relájate. Puede que parezca antipático y huraño, pero es un buen hombre.
_ Amenazó con matarme.
_ No lo hará. Le conozco bien. Somos amigos desde hace mucho.
_  ¿Cuánto es mucho?
_ Pues… le conocí siendo humano. Íbamos a la misma Universidad. 
_ Entonces… ¿Tiene tu edad?

Charles sonrió y un mapa de arrugas se dibujó en su cara.
_ En realidad, un año más. Él iba un curso por encima de mí.
Los ojos de Sandra se abrieron como platos, el hombre que estaba ante ella debía tener más de setenta años y su vecino aparentaba unos treinta y cinco.
_ ¿Y qué pasó?
_ Me temo que eso es algo personal y doloroso. No es algo que deba contarte yo. Considero que debe ser él quien te lo diga, si es que llega a confiar en ti para ello.


_Charles…
_ Dime.
_ Esta tarde tengo que acudir a la presentación de mi libro, y me gustaría ir a casa a ducharme y prepararme un poco el discursito…
_ No puedo Sandra. Él me pidió que cuidase de ti y que no te permitiera salir.
_ Oh vamos…Si no voy vendrán a casa a buscarme, pensaran que me ocurrió algo anoche, a la vuelta de la fiesta.
_ En serio que no puedo. No me lo perdonaría.



Un par de horas le costó convencerle para marcharse. Tras prometer que sería sensata y que no contaría nada de lo ocurrido. Ella no pensaba delatarle. Después de todo ¿Quién iba a creerla? Lo que si necesitaba era llegar a tiempo y hacer una presentación en condiciones. Tantos meses de trabajo no era cuestión de tirarlos por la borda. Se centró en el trabajo, olvidándose de su vecino, y corriendo subió a su dormitorio a cambiarse ropa y a maquillarse.

Al mirarse al espejo se desmoronó. Hoy debía estar perfecta y unas bonitas ojeras adornaban su rostro. 
_” ¡Maldita sea!” _juró en voz baja.
Rebuscó entre todos sus potingues de belleza y encontró una mascarilla que reafirmase su piel. Se maquilló con esmero y se hizo un moño casual pues no le daba tiempo a lavarse el pelo.

Antes de salir verificó su aspecto en el espejo. Con sus gafas de pasta parecía una sexy intelectual.
No estaba nada mal, pero se dio cuenta de que sus muñecas amoratadas se veían con aquella blusa de manga corta y aún con la chaqueta puesta no se cubría del todo la piel magullada. Volvió a su vestidor y eligió otra que tapase aquello e incluso se puso maquillaje por si alguien se percataba.

Ya con el tiempo encima, salió de casa para ir a la librería donde, seguro que ya, la estaban esperando.


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