Nada es lo que imaginas....Capítulo 8

Mi socia y compañera en el blog Entrelineas, lleva esperando este capítulo desde hace tres días. Sin querer le adelanté algo y la dejé con la intriga.
Glace, por fin el capitulo 8.

NADA ES LO QUE IMAGINAS.

CAPITULO 8


            A las 8 de la tarde y con un cabreo monumental a causa del tráfico al fin consiguió llegar a la librería.
Empujó la puerta y como en un mal sueño se dio cuenta de que todo el mundo le miraba.

La librería estaba llena de mujeres de todas las edades que se quedaron embobadas cuando él traspasó el umbral.

_ ¡Es él! ¡Es él! _ escuchó al fondo de la sala.

Con toda la rapidez con la que fue capaz, Sandra sorteó los obstáculos ante ella para llegar hasta su vecino, antes de que pudiese abrir la boca.
No habría hecho falta que se diera prisa. Él se había quedado mudo de la impresión.

_ ¡Señoras, señoritas!! _dijo la escritora alzando la voz. _No pensé que fuera posible, porque cuando llamé a la agencia me dijeron que nuestro gladiador ya no trabajaba allí, pero bueno. ¡Aquí está! Para todas vosotras…. Marco Valerio, “la inspiración”.

Y en medio de un aplauso, el vampiro se acercó a su oído para preguntar: ¿Marco Valerio?
_ Tu nombre artístico de la agencia de strippers _ respondió ella entre dientes.
Él la miró arqueando una ceja y por toda respuesta obtuvo un encogimiento de hombros.

Aspiró profundamente, aunque no lo necesitaba, y con una sonrisa forzada comenzó a saludar a las mujeres allí reunidas. Aunque algunas atrevidas se empeñaron en tocarle los abdominales y pectorales, las más de ellas se conformaron besar sus mejillas. Él aguantó como pudo hasta que una de las mujeres le tocó el culo.
Empezó a girarse enfadado pero notó en su antebrazo los suaves dedos de Sandra, y la mirada de súplica en su rostro le hizo cambiar de opinión.

Comenzó la firma de ejemplares y se sentó a la derecha de la autora, esperando estoicamente a que finalizase el evento. Se mostró serio y educado y sólo sonrió un poco cuando una jovencita le pidió que firmase junto a su vecina como Henry Douglas, el protagonista del libro.

Más de dos horas les llevó despedir a todo el mundo y cuando ya estaban en la acera, Teresa, la editora del libro y amiga de Sandra les abordó antes de que pudiesen intercambiar una sola palabra.

_ ¿De dónde has sacado a este tío? Tú no has ido ninguna despedida de soltera en mucho tiempo que yo sepa. Así que, vamos… suéltalo ¿Quién es este?
Su tono fue del todo despectivo, y Sandra se quedó con la boca abierta sin saber que contestar. Teresa nunca le había hablado así.

El alto y macizo armario que estaba a su lado intervino, y su voz derrochó sensualidad cuando dijo con una pícara sonrisa:
_ Soy su nuevo vecino. Llevo viviendo unos ocho meses en la casa contigua a la de Sandra,  ella vive sola… yo vivo solo…. y nos vemos de vez en cuando.
Me pidió que viniese para ayudarla con el lanzamiento del libro y a mí me pareció divertido ser, por unas pocas horas, el culpable de los sueños de unas cuantas mujeres.

Teresa le miró de arriba abajo.
Menudo ego. Pero…tenía que reconocer que estaba como un queso.
Al margen de todo aquello, el hombre estaba insinuando algo que no le cuadraba. Imposible que la recatada de su amiga pudiese estar teniendo sexo con él.

Se volvió a su amiga para decirle:
_ Te conozco bien y eres demasiado mosquita muerta y mojigata, para ligarte a un macizo como éste.
_ Pero Tess…
_ No sé qué lío llevas, pero créeme no quiero saberlo.
Mañana te espero en la oficina para firmar unos papeles.
Enfadada dio media vuelta y se alejó, dejando a la pareja plantados en mitad de la acera.

_ ¿De veras es amiga tuya?
_ Oh ¡Callate! _protestó mientras su rostro enrojecía por momentos. _Sólo quiero ir a casa, ducharme en condiciones y dormir plácidamente en mi cama. Quizá cuando despierte todo esto no haya pasado.



Sandra sacó su móvil y comenzó a buscar el número de la compañía de taxis, pero le arrebataron el teléfono y la cogieron de la mano, para llevarla hasta un vehículo todoterreno negro, con las lunas tintadas, que ella reconoció como el coche que vio la primera vez que tuvo conciencia de que alguien vivía en la casa de al lado.
_ Mi coche está aquí. Yo te llevaré a casa.

Agotada se dejó ayudar para entrar al vehículo, su falda era muy estrecha y el suelo del coche estaba muy alto. Una vez en el asiento del copiloto esperó pacientemente a que el hombre condujese hasta su barrio.
No veía el momento de llegar.



Cuando el coche frenó, para esperar que la verja de la vivienda vecina se abriese, Sandra saltó del vehículo, sin que el conductor tuviera tiempo de impedirle escapar.
Con paso decidido y acompañada de un ruidoso taconeo, Sandra se dirigió hacia la puerta de su domicilio, y como llevaba las llaves en la mano, entró rápidamente, teniendo el tiempo justo de cerrarle la puerta en las narices al vampiro, que con mucha rapidez había dejado el coche en medio de su jardín y saltaba la valla divisoria para ir a su encuentro.


Sintiéndose protegida por los muros de su hogar se quitó la chaqueta y se descalzó. Mirándose en el espejo de la entrada dijo:
_ Hogar, dulce hogar… Mmmm ¿Alguien grita mi nombre ahí fuera? 

_ ¡Solo quiero ducharme y dormir en mi cama! ¿Es mucho pedir? _ dijo a la voz que sonaba desde el jardín.

Encontrándose agotada por momentos fue derecha a su dormitorio se deshizo de sus ropas y se metió en el baño.

Mientras se duchaba  sus pensamientos iban a la deriva.
Tenía un vampiro enfadado en la puerta de su casa. ¿Qué iba a hacer ahora? 




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