Nada es lo que imaginas...Capítulo 5

Quinta entrega de la novela corta:

NADA ES LO QUE IMAGINAS

Ya eran más las 5 de la mañana cuando una llave giró en la cerradura.

_ ¡Por fin en casa!_ murmuró Sandra mientras se descalzaba en la misma entrada y se quitaba el abrigo.
Aún no había terminado de colgarlo en el perchero tras la puerta, cuando algo cruzó como un vendaval la penumbra del recibidor y la inmovilizó contra la pared.
Un grito se ahogó en su garganta pues una enorme mano le tapó la boca. Su primer instinto fue golpearle pero aquél cuerpo era duro como una piedra y de nada iba a servir revolverse, con la mano libre habían atrapado sus dos muñecas.
Perpleja intentó serenarse, si entraba en pánico probablemente aquel tipo la golpearía o peor aún la mataría. 
Parpadeó intentando acostumbrar los ojos a la pobre luz que venía del salón. Apenas distinguía los contornos de una cara que casi estaba pegada a ella y le fue imposible distinguir unos rasgos que pudiera identificar.

_ ¿Cómo lo has averiguado?_ casi gritó una profunda voz enfadada.
La mano que cubría su boca se aflojó y Sandra aspiró profundamente.
_ No le entiendo señor… _respondió temblorosa y apenas  audible.
_ ¿Ha sido Charlie?
_ No conozco a ningún Charlie…
_ ¡No mientas! ¿Y cómo te has atrevido a contarlo?  Ahora no tendré más remedio que matarte.

Las lágrimas llegaron a los ojos de Sandra y entre sollozos consiguió decir: _No sé quién es usted y… y… me confunde, yo no le he contado nada a nadie.

Casi a rastras la llevaron al salón y la sentaron sobre el sofá. En la sala, había una lamparita auxiliar encendida y la luz la reconfortó un poco. Sandra comenzó a frotarse las muñecas, tenía todos los dedos de él marcados a fuego en la piel y pronto comenzarían a amoratarse pero salvo eso, aún no le había hecho ningún daño.
Tembló.
Desde la altura de su asiento podía ver las piernas de su secuestrador, que estaba de pie ante ella. Parecía alto y fuerte.  Apenas se atrevía a moverse, pero al final, se decidió y respiró profundamente para levantar la mirada y encararle.

Cual no fue su sorpresa al reconocer a su esquivo, escultural y atractivo vecino frente a ella, que con su libro entre las manos parecía fuera de sí.
_ ¿Cómo has podido hacerme esto? _ farfulló, a la vez que ponía el reluciente ejemplar ante sus ojos.
_ No es para tanto…
_ ¿Cómo? ¿Eres consciente de lo que has hecho?
_Bueno… con esa descripción debe haber cientos de hombres… miles _balbuceó Sandra, mientras que en su fuero interno pensaba que no habría más de diez ejemplares como él en el universo.
_ ¿Estás loca? ¡Voy a tener que abandonar el país! Y de nada me servirá borrarte la memoria, ya se lo has contado a todo el mundo.
Esta vez fue ella la sorprendida _ ¿Cómo? ¿Borrarme la memoria? ¿De qué demonios está hablando?

_ No te hagas la inocente. Aquí le cuentas a todo el mundo quién soy.
Sandra sintió una punzada de enfado. 
_Pero… ¿De qué está usted hablando? Si ni siquiera sé su nombre. Todo lo que aparece en ese libro es ficción. Todo salvo su descripción física. Y si la tomé fue porque… porque me pareció adecuada para el personaje
¿Es eso suficiente para estar tan cabreado? ¿Acaso piensa que la gente va a creer de verdad que es usted un vampiro?

Mientras hablaba se había levantado del sofá sin darse apenas cuenta y como un gallo peleón se había acercado al hombre hasta entrar en su espacio personal. Él la miró con cierta sorpresa y admiró su absurdo gesto de valentía pero lejos de amilanarse, agachó un poco su cabeza para que su cara quedase más cerca.
Cuando estuvieron frente a frente sonrió de forma forzada y enseñó toda su dentadura.

Y Sandra se tambaleó.
Allí estaban. Podía verlos.
Su vecino tenía unos colmillos más desarrollados de lo normal en una dentadura humana.

_ ” ¡Dios mío! Es… es….”
Ese era el momento perfecto para huir a toda velocidad, pero sin embargo se congeló y si el monstruo la hubiese mordido en ese mismo instante, no hubiera podido sacar ni una sola gota de sangre, pues sintió como ésta se solidificaba en su interior.



Tras un leve parpadeo, la hermosa mujer que tenía delante pareció desequilibrarse y él estuvo preparado a cogerla si era necesario, pero contra todo pronóstico ella se mantuvo en pie, mirándole como si fuera un extraterrestre que hubiese aterrizado en su salón.
Decía la verdad.
Su pulso estaba desbocado, sus pupilas totalmente dilatadas y el gesto de asombro en su hermoso rostro delataba la enorme sorpresa que le había producido el descubrimiento.

Si ella no conocía su naturaleza y el libro era sólo una novelucha ... Todo era una tremenda coincidencia y él había metido la pata hasta el cuello.

_ Yo… _tartamudeó la mujer, _escribo novela romántica paranormal, sobre vampiros y hombres lobo… Y usted, usted no existe… no puede existir.
_ Te aseguro que soy muy real, Sandra _murmuró su vecino intentando calmarse. _Pero ahora que tú ya sabes quién soy, tendré que pensar que haré contigo.

Ella dio un paso atrás, pero se topó con el sofá y eso la hizo seguir avanzando de lado, como los cangrejos.

_ No vas a ningún sitio, preciosa.
Levantó la vista y su mirada se perdió en el infinito.
_Pronto amanecerá _dijo. _Y yo no puedo quedarme aquí, así que, hasta que decida que hacer, tendrás que venir a mi casa.
_ De eso nada.
_ Tengo que vigilarte. No puedo permitir que le cuentes a nadie lo que has descubierto.
Vienes conmigo.
_No

_ ¿No? ¿Estás segura? ¿Crees que puedes negarte? _respondió él con una sonrisa devastadora que hizo que temblasen todos sus huesos.

Con rapidez se la cargó al hombro como si fuese un vulgar saco de cemento. Recogió sus zapatos y las llaves que Sandra había dejado al entrar y salió con ella al frío amanecer de diciembre. 
De nada sirvieron las protestas y los golpes que dio en su espalda, de la fuerza de aquellos brazos, no podía escapar. Con ella a cuestas, saltó la valla divisoria como quien sube un escalón, y en menos de lo que canta un gallo, Sandra se encontró en el confortable y cálido interior de la casa de su vecino.

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