Nada es lo que imaginas....Capítulo 12

Con éste, terminamos:

Último capítulo y desenlace de: NADA ES LO QUE IMAGINAS



CAPITULO 12


Sandra, aterrada, vio como el vampiro miraba en su dirección y sin pensárselo dos veces puso su cuerpo en movimiento en dirección hacia la puerta.
La tenía cerca, y no estaba cerrada. Lo malo sería que al salir quedaría atrapada en el jardín, pero gritaría con todas sus fuerzas hasta que alguien la socorriese.

No llegó a tiempo.
Una mano de largos dedos y uñas afiladas bloqueó la salida delante de sus propias narices.
_ ¿Qué haces aquí? _preguntó la profunda voz masculina con una suavidad que le machacó los huesos.
Sandra, temblorosa, se giró para enfrentarle y fue consciente de la penetrante mirada que la recorrió de pies a cabeza.
_ Venías a verme… _dijo en un murmullo al comprobar que ella se había arreglado y maquillado para su excursión nocturna. _ No tengas miedo de mí _añadió al verla temblar. _Nunca te haría daño.
_ ¿Y a ella? _preguntó la mujer en un susurro.
_ Solo iba a beber un poco y mandarla de vuelta a casa. Hace un rato me dejaste un tanto frustrado y necesitaba desahogarme de alguna forma.
_ ¿Y ahora? _preguntó con voz temblorosa.

Le vio sonreír y a pesar de aquellos largos colmillos que le deformaban un tanto el rostro, fue devastador.
_ Ahora estás aquí y he recuperado el ánimo.
Teresa se marchará y tú y yo tendremos una amigable charla como dos seres civilizados.


Ella tragó saliva al notar como una mano se enlazaba en su cintura y la empujaba suavemente hacia el interior de la casa. Al pasar junto a su amiga, él murmuró algo y la mujer dio media vuelta, cogió su abrigo que estaba sobre la silla de la entrada y se marchó.

Cuando llegaron a la puerta del salón Sandra frenó en seco y él se detuvo junto a ella.
_ Tranquila _dijo con voz suave. _Sólo vamos a charlar como dos adultos para conocernos un poco. Antes fui un bruto y no debí proponerte…  Sandra, créeme que lo siento.
Vamos… Entra conmigo. Es muy agradable estar junto al fuego.

Ella cogió la mano que le ofrecían y al instante una corriente eléctrica recorrió todo su cuerpo. 
Sin ofrecer ninguna resistencia se sentó frente a la chimenea.

_ ¿Puedo ofrecerte algo de beber?
Sandra no pudo hablar, el rostro del hombre frente a ella la tenía totalmente hechizada, así que negó con la cabeza.

_Sandra, Sandra… No  tengas miedo de mí.
Su voz sonó como un arrullo y ella cerró los ojos mientras llenaba sus pulmones de aire.
Tardó un poco en abrirlos, pero al hacerlo contempló al vampiro que volvía a tener su aspecto más humano y hermoso.
_ Desde que llegué al barrio he estado deseando tenerte como estamos ahora _confesó, mientras se sentaba a su lado _ Y respecto a la conversación que tuvimos antes en tu casa… lamento mucho lo que dije, aunque no me arrepiento de haberlo intentado.

Tras una leve pausa añadió: _Sé que lo piensas, pero lo que pasó en tu cuarto no fue por lo que dijo Teresa, ni mucho menos. Eres una mujer preciosa y en mi reacción la actitud de tu amiga no tuvo nada que ver.


Sandra le miraba absorta, casi sin escucharle. Aquellos pantalones de pijama negros de raso y la camiseta de manga corta del mismo color que se adaptaba a sus músculos como una segunda piel, la incapacitaban de pensar en otra cosa que no fuera llevar una mano a su torso para ver si estaba tan cincelado como parecía.

Tragó saliva y se levantó: _Será mejor que me marche… _y en su mente añadió: _ “porque como me quede voy a empezar a babear como una estúpida”.

_ ¿Te sientes incómoda conmigo? _preguntó casi con la voz quebrada por el desencanto. _No deberías tener ningún miedo Sandra _exclamó mientras se ponía de pie frente a ella.

Sin saber que decir boqueó como los peces fuera del agua y él, aprovechando ese momento de indecisión, se inclinó y la besó. 
Suave.
Lento.

Sandra, con el mensaje de su cerebro de que retrocediese y saliese corriendo, lo rodeó con sus brazos por el cuello y se dejó besar.

Y el resto… llegó solo.
 Las manos de ambos exploraron ansiosas, las de él porque llevaba 8 meses observándola por la ventana, deseando cada centímetro de su cuerpo. Las de ella porque tenía la sensación de que nunca había estado con un hombre de verdad.

 En apenas unos segundos estuvieron desnudos haciendo el amor sobre la alfombra, frente al fuego.

Cuando recuperaron el resuello él estiró su brazo y cogió un par de cojines, que colocó para que Sandra estuviera más cómoda. La tercera excursión de su mano trajo consigo una manta de pelo que estaba sobre el sofá. Se recostó junto a ella y la abrazó.

Sandra no sabía muy bien dónde meterse pero el dedo juguetón que hacía dibujos sobre su estómago la detuvo de salir corriendo como una posesa.

_Hemos empezado la casa por el tejado_ murmuró él. _De verdad que yo quería que habláramos y que nos conociésemos un poco.
_ ¿De veras quieres conocerme? Después de todo lo que dijo Teresa sobre mí.
_ A tu “amiga” le corroe la envidia. ¿Por qué crees que ha venido? ¿Por qué está loca por mí? 
_ No sé…
_ Pues créeme. Mi percepción de las cosas no suele engañarme.
Pero olvidémonos de ella. Quiero saberlo todo de ti.
Empecemos de cero Sandra.

Ella le miró, vio ternura en sus ojos y no pudo evitar sonreír.

_Mi nombre es David.
_ ¿David?
_ Sí.

_ Hola David. El mío es Sandra.


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