Nada es lo que imaginas.... Capítulo 3

Pues como cada día, la siguiente entrega de la novela corta
NADA ES LO QUE IMAGINAS


Para vosotros.... el capítulo 3



Sandra se miró detenidamente en el espejo del vestidor mientras se giraba para verse por detrás.
Ese vestido verde oscuro le gustaba muchísimo, el contraste con su melena castaño cobriza resultaba de lo más favorecedor y el corte le hacía parecer más esbelta y delgada.

Estaba de celebración.
Habían publicado su tercer libro y las primeras críticas habían sido muy favorables. Tenía una cena con su editora y amiga Teresa, y después se reuniría con un grupo mayor para ir a tomar unas copas.

Se sentó sobre la otomana de su cuarto para ponerse los zapatos y sonrió complacida al ver un ejemplar de su libro. Lo abrió y lo olió, y sintió un hormigueo de satisfacción al tenerlo entre las manos. 
Sonó el teléfono.

_ ¡Hola Tess!
¡Pues claro que no he olvidado nuestra cita! Ya estoy arreglada, solo me falta coger el abrigo y llamar a un taxi.
Claro, claro… en media hora estoy allí.
Chao. Un beso.

Dejó el libro a un lado y terminó de calzarse. 

Sonrió al pensar en sus amigas que estaban empeñadas en hacer que ella volviese a la vida normal de antes de casarse, e insistían, insistían e insistían en que saliese y conociese a alguien.
Pero ella no estaba demasiado entusiasmada.

Primero a causa de su divorcio, pues el hecho de que su marido la hubiese engañado con una mujer más joven que ella la había herido en lo más profundo, y después porque de forma desenfrenada había comenzado a escribir su tercer libro y eso le había robado gran parte de su tiempo.
El caso es que había pasado casi un año poniendo excusas para no arreglarse y salir con ellas.  Pero hoy no había podido evitarlo. La publicación de su novela era algo que merecía la pena celebrar.



Iba a salir de su cuarto y ya con el interruptor entre los dedos para apagar la luz, se quedó mirando a través de la ventana. Con las luces de su cuarto encendidas, apenas se veía el exterior, pero la casa de su vecino, el hombretón con el que se había encontrado aquella pasada primavera, estaba frente a ella.

No había vuelto a verle desde entonces y de eso ya habían pasado ocho meses. Debía ser un ermitaño, o un enfermo terminal, o un loco esquizofrénico, el caso es que no se había cruzado más con él.
Y le debía un enorme agradecimiento, pues la novela había crecido entre sus dedos a raíz de su encuentro.


El caso es que… sólo le había visto unos minutos, pero habían sido suficientes para inspirarle al personaje masculino de su novela.
Menudo hombre.
Verle había sido un verdadero impacto. Alto, guapo…. Soberbio.
 Si su novela estaba teniendo éxito era en parte gracias a él.


Apagó la luz y bajó al salón para llamar a un taxi. Mañana ya continuaría trabajando, pues por la tarde tenía una presentación del libro en una importante librería de la ciudad. Ahora estaba decidida a pasarlo bien.
Tenía toda la noche por delante. 

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