martes, 14 de febrero de 2017

Un San Valentín pero que muy feliz.

Creo que llevo como unos veinte minutos parada delante de la pantalla en blanco; el caso es que no sé como llegar a trasmitiros lo que siento. Tengo los dedos entumecidos y la mente embotada y llena de palabras que se empeñan en no salir.

En fin, hay que intentarlo.
Empezaré por el principio: noviembre de 2015. Celebrando el cumpleaños de una amiga en Madrid.

Cuando cuatro personas enamoradas de los libros pasan una tarde juntas, termina la reunión y tienes la sonrisa puesta porque, por fin, estás entre iguales y no con gente que te mira raro porque no comparte, ni pasión por las lecturas ni el compromiso de escribir. Pero si entre ellas se encuentra Mara Oliver, el entusiasmo que pone en cada una de sus palabras hace que salgas de allí deseando embarcarte en algún proyecto nuevo. Es capaz de pellizcarte el corazón y sacarte del letargo. Y eso fue lo que me ocurrió a mí.
Yo tenía algunas ideas para dos historias contemporáneas, pero acababa de terminar la saga y, no sé si por el esfuerzo de sacarlo todo adelante o por necesidad de descanso, me encontraba desinflada. Sin ganas. Pero bastaron diez minutos esperando el autobús delante del Teatro Real para que la pasión que pone Mara en todo lo que hace, se me contagiara y regresase a Alicante con verdaderas ganas de escribir.
La primera de las historias que tomó forma ya la conocéis, se trata de "El viento me contó un secreto", la segunda... Por aquel entonces yo la llamaba "La vecina del quinto".

HarperCollins Ibérica convocó el pasado septiembre el V Premio de novela romántica para autores de habla hispana. La historia de mi joven vecina estaba terminada desde julio y mi círculo de amistades cercano, intentó convencerme para presentarla al certamen. Costó. Le doy muchas vueltas a las cosas, pero al final, ya con el título de "La tentación vive arriba", maqueté el archivo y lo envié al premio. Y de nuevo me costó, pero lo olvidé, me obligué a hacerlo. No creía (para variar) en mis posibilidades, y pensar que tenían el archivo habría conseguido acabar con mis nervios, pero no, logré centrarme en otro proyecto y dejar pasar el tiempo.
Llegó febrero y una nueva excursión a Madrid, esta vez para asistir al RA y a una merienda con la editorial. Ponerles cara fue fantástico, conocer a otras autoras de Harlequin, también. Todo transcurrió normal, como si no hubiera un certamen de por medio a punto de resolverse. Nada que me hiciera sospechar.
Y debo confesar que nunca esperé recibir esa llamada, esa que me informó del fallo del premio en el que mi historia había logrado ser seleccionada, y premiada.

2º premio del certamen.
Aún no me lo creo. Todavía estoy asimilando lo que eso supone para mi. Desde luego que no es solo un: ¡lo conseguí! Es el inicio de más trabajo, de más aprendizaje, de invertir en más esfuerzo. Más que nada porque sé que ahora me voy a exigir un plus con cada nueva historia.
No sé describir cómo me siento. Creo que nerviosa, feliz y aterrorizada, a partes iguales. Algo así supone una gran responsabilidad.
Estoy segura de que queréis saber más de la historia, pero es muy pronto para hablar de ella; todavía falta para su publicación y seguro que tendremos tiempo de sobra para ir descubriendo todos sus rincones. Sí avanzaré que es una novela íntima, real, de personajes cercanos; una historia de esas que podrían sucederle a cualquiera; que está ambientada entre Madrid, el Bierzo y Barcelona y que he intentado que sea divertida y muy entretenida.

Ya os iré contando, ahora quiero celebrar.

domingo, 1 de enero de 2017

Y llegó el 2017. "El viento me contó un secreto".

Pues sí, ya estamos iniciando el año y tengo una cosa que contaros. En los próximos meses habrá nueva novela. No sé si febrero o quizá marzo, pero la publicación está en marcha.
Una noticia como esta te hace sonreír en silencio durante muchos días. Decir que soy/estoy feliz se queda muy corto; para alguien como yo, algo así supera cualquier sueño.
Ya os dije que lo nuevo era una novela contemporánea, romántica y dulce, y que venía de la mano del sello digital HQÑ. Habéis visto la portada y conocéis el título: "El viento me contó un secreto".  Ahora toca hablaros de la historia y mostraros la sinopsis.


SINOPSIS
Un divorcio y todo lo que trae consigo puede saturarte hasta el punto de sentir la necesidad de escapar e irte lejos, muy lejos. Pero no siempre es necesario hacer las maletas y trasladarte a la otra punta del país. A veces, con fijar tu residencia en una urbanización apartada en la que no parece pasar nada interesante, centrarte en tu trabajo y seguir con tu vida, es suficiente.
Sandra cree que en su nueva casa lo tiene todo bajo control. Allí, lejos de su ex, de su familia política y de los que creía que eran sus amigos, espera comenzar de nuevo. Y, en realidad, parece tenerlo todo muy bien planificado. Su hija ya ha comenzado la universidad y ella tiene todo el tiempo del mundo para escribir… Hasta que un buen día alguien ocupa la casa de al lado y el castillo de naipes en el que vive se desmorona.
David, atractivo y encantador, consigue que Sandra vuelva a darse cuenta de que en el mundo hay algo más que personajes de libros.




En esta nueva novela cuento una historia actual, sencilla y familiar, con la que espero arrancarle alguna que otra sonrisa al lector y dejarle muy buen sabor de boca. No hay grandes giros, ni sorpresas, ni saltos mortales. Es algo que, salvando las distancias, le podría pasar a cualquiera. 
Todo gira en torno a Sandra, nuestra particular protagonista y, aunque se narra en tercera persona, es ella quien dirige y lleva la voz cantante en esta historia. Sandra ya no es ninguna jovencita (acaba de cumplir los cuarenta), pero, aunque ha tenido altibajos recientes y lleva dos años divorciada, en el momento en que comienza la novela, su vida ya está encauzada y discurre con tranquilidad. En pocas palabras: se ha acomodado. Y quizá por eso es la primera sorprendida cuando de golpe y porrazo su corazón comienza a latir como el de una adolescente atolondrada. Esas cosas no pasan, ¿no? Pues sí. La llegada al barrio de David (o "Deivid" según el momento) le hace plantearse que ha sufrido una regresión. Ha vuelto a enamorarse como una quinceañera.

David no es tímido, es solo que no es muy dado a abrirse a la gente (sus motivos tiene), pero cuando una persona atesora un buen fondo este aflora si se siente a gusto. Reacio al principio, poco a poco empezará a sentirse acogido por la pequeña familia que vive en la casa de al lado. Nos irá mostrando tal y como es, y le iremos conociendo y queriendo.

Sandra y David son los dos protagonistas de esta historia, y, aunque hay más personajes que ya descubriréis con su lectura, no puedo cerrar este capítulo sin hablaros de Mercedes, hija, amiga y paño de lágrimas de nuestra heroína. Polvorilla, decidida, vivaz... Se convertirá un poco en el motor, el típico personaje que va dando pellizcos para que ambos reaccionen.

De Salamanca a Benidorm y de vuelta a la capital salmantina, la novela transcurre en territorio español, así que se siente muy "cercana". No hay grandes escenarios, ni enclaves fabulosos de esos de destino idílico de vacaciones o quizá sí, según se mire, porque a veces un paseo nocturno a punto de romper el alba, o las calles estrechas de un barrio encalado bajo el sol mediterráneo, pueden ser un magnífico telón de fondo. 

Y esto es todo, espero haberos contado lo suficiente como para picar vuestra curiosidad o, al menos, exponeros de forma real lo que vais a encontrar en esta novela. De vosotros depende si queréis o no darle una oportunidad. 
De todo corazón yo espero que os guste.


jueves, 20 de octubre de 2016

De autopublicación y otros menesteres.

Hace unos pocos días se cumplió un año de la que fue mi última autopublicación (el punto final de la saga Amor y sangre se hizo realidad el 18 de octubre de 2015) y aunque ahora esté probando el amparo del mundo editorial, volver a ponerme en el papel de un editor es algo que no descarto en absoluto. 

Es un camino duro, pero no me puedo quejar. Hay muchas cosas que lo hacen excitante y de las que has de disfrutar: las experiencias, la gente que encuentras, las dudas, la inseguridad, el aprendizaje, la satisfacción personal de un esfuerzo que puedes tocar con los dedos... Todo sirve para curtirte en el oficio. 

No sé si ya es evidente que este post no será una lista de consejos para triunfar como autor indie. Para nada. Si lo que buscas es la fama no sigas leyendo, yo no tengo las claves para encontrarla. Es más si te metes en todo este embrollo debes ser muy consciente de que eres un pez muy pequeño en un mar enorme.  Que te vean es a veces la parte más difícil.


Tampoco pretendo hacer un tutorial sobre la mejor forma de subir tu archivo al gigante amazon, ni como maquetar o corregir, que creo que podría porque he tenido que aprender para que el resultado se viera digno, pero hay muchos por las redes que seguro son mejores que la aportación que yo pueda dar.
Lo quiero es hablarte del camino que he recorrido, de las vivencias y de lo que he crecido como escritora. Y si me lo permites, hasta algún consejo.
Nada más. Nada menos.

Escribir es visceral, nace de muy adentro. Hay personas que lo saben desde su juventud, otras lo descubren siendo adultos. No hay edad. Cuando todas esas vivencias cobran forma y logras canalizarlo, la historia fluye entre tus dedos, pero... ¿te convierte eso en escritor? No pienses que sí, nada más lejos. Necesitas la técnica.
Debes encontrar tu voz, pulir tu estilo y, a falta de un lazarillo con conocimientos profesionales, te toca ponerte manos a la obra y aprender tú solito. No pienses que lo sabes todo porque hayas conseguido poner tus pensamientos por escrito o porque tus familiares y amigos que te hayan leído y piensen que escribes "como los ángeles", probablemente estás en el camino, pero... es solo el inicio.

Respecto a mi experiencia, a veces creo que lo sencillo fue escribir los libros. Corregirlos, maquetarlos y "ponerlos bonitos" para que parecieran lo más profesionales posible se convirtió en un verdadero quebradero de cabeza.
Es cierto que hay quien piensa que no hace falta tanto, que por unas cuantas faltas, unas (muchas) repeticiones, varias erratas y frases sin un verdadero significado no pasa nada. Eres indie y se te perdona.  Disculpa, pero no. Es un trabajo y vas a cobrar por ello, así que ponte las pilas y arréglalo. No me vale que digas que la historia lo vale, si las palabras son tu herramienta de trabajo debes conocerlas a fondo.
Lo mejor en estos casos sería contratar a un profesional, es más, se tiene que aprender mucho a su lado, pero entiendo que cuando empiezas no puedes "invertir", o sí, todo depende de lo grande que tengas el bolsillo o la proyección que le quieras dar a tu trabajo, pero si no puedes, te toca remangarte y ponerte a trabajar: es fundamental que esté bien escrito, sin erratas, sin faltas y que sigas todas las normas que conozcas de la RAE. No lo harás tan bien como un experto, pero debes esforzarte en conseguir dar el 200%.

Y después... toca lanzarse al vacío. 
No te angusties, pero tu trabajo estará al alcance de cualquiera. Sé paciente e intenta ver lo positivo de cada comentario, eso para animarte, pero también lo negativo porque será lo que te ayude a aprender.

En todo este tiempo he conocido gente, gente buena y otra no tanto. He tenido muchas satisfacciones (que un lector te contacte para decirte que tu trabajo le ha hecho suspirar es algo indescriptible) y también decepciones, he sentido dudas y aprendido mucho, he mejorado (creo) y en cada nueva historia me impongo un reto. Y con todo eso me quedo, por lo demás... Sigo aprendiendo.

Y me voy a permitir darte un consejo: lee, lee de todo, especialmente cosas buenas. No pienses que esas lecturas van a influir y prostituir tu estilo: si van a influenciarte que sean los grandes. Que las experiencias que reflejes en tus letras vengan de un mundo rico. Y relee hasta averiguar por qué esa parte te ha gustado tanto, por qué has empatizado con ese personaje o por qué te sentías a gusto en aquella casa. Se curioso, aprende a analizar textos de otros, reseña tus lecturas y aléjate de tus escritos hasta que puedas verlos como si no fueran tuyos. Aprende de lo que hacen los demás y sé cada día más exigente contigo mismo.

Y disfruta, sobre todo eso, pon toda tu alma en cada línea, pon tu corazón en cada historia.